domingo, 8 de noviembre de 2009

CALIGULA

Rafa Ponce
Málaga 8-11-2009



Albert Camus es un escritor que conocí en los años finales de la década de los setenta, obviamente porque en la dictadura no se le podía leer, por la sencilla razón de que era difícil encontrar sus libros y lo que es peor no teníamos referencia de él, no figuraba en los libros de textos de la época, a pesar de ser premio Nobel en 1957, y la prensa informaba lo mínimo o sea casi nada.

Nacido en Argelia el 7 de noviembre de 1913, de una generación marcada por la tragedia, vivieron nada menos que dos guerras mundiales. Sus obras plasman un mundo en descomposición, absurdo, roto y miserable, donde el secreto de la felicidad consiste en resignarse a todas las catástrofes, mundo que para mí hoy día sigue siendo el mismo sin duda alguna. Sus personajes están en lucha, consigo mismos, con la enfermedad, con la cultura, hasta con el mismo Dios.
Su pregunta ¿Venderíamos nuestra libertad a cambio de comodidad?, creo que hoy día es vigente y es objeto de debate en la sociedad del mundo “libre” actual.

El caso es que la semana pasada representaban en el restaurado Teatro Echegaray, el Calígula de este autor y yo que he leído algunas de sus novelas no me lo podía perder, más o menos sabía por dónde irían los tiros y no me equivoqué, la obra no se detiene en los aspectos demonizados del emperador, sino en el personaje.
Una reflexión profunda sobre el poder, el mal, la libertad, la felicidad. "Los hombres mueren y no son felices y todo lo que me rodea es pura mentira” verdad evidente a pesar de los aparentes progresos sociales.

Hay diálogos que me llegaron, como cuando le dice Calígula al Intendente “Si el Tesoro tiene importancia, la vida humana no la tiene. Está claro. Todos los que piensan como tú deben admitir este razonamiento y considerar que la vida no vale nada, ya que el dinero lo es todo” aplicado a la vida actual, sin ir más lejos la guerras que asolan este mundo, son por dinero.

Otra escena que me llamo la atención es la que Calígula fuerza que los mediocres patricios que le rodean rían a pesar de haber sufrido su maldad:
CALÍGULA. Había una vez un pobre emperador a quien nadie quería. El, que amaba a Lépido, hizo matar al hijo más pequeño de éste, para arrancarse ese amor del corazón. Naturalmente, no es cierto. Gracioso, ¿verdad? No te ríes. ¿Nadie ríe? Escuchad, entonces. Quiero que todo el mundo ría. Tú, Lépido, y todos los demás. Levantaos, reíd. Lo quiero, ¿oís?, quiero veros reír.
Todo el mundo se levanta. Durante la escena entera, los actores, salvo Calígula y Cesonia, ríen a carcajadas.
Esta escena no mee negarán, se repite diariamente en el mundo de hoy, o sonríes al poder o este te margina en el mejor de los casos y en el peor te aniquila.

Otro dialogo interesante es el que tiene con Escipión que le recrimina cuántas muertes provocan sus caprichos:
ESCIPIÓN. Mientras tanto, muchos hombres mueren a tu alrededor.
CALÍGULA. Tan pocos, Escipión, realmente. ¿Sabes cuántas guerras he rechazado?
ESCIPIÓN. No.
CALÍGULA. Tres. ¿Y sabes por qué las rechacé?
ESCIPIÓN. Porque te importa un bledo la grandeza de Roma.
CALÍGULA. No: porque respeto la vida humana.

El Calígula de Camus detesta la cobardía y la falsedad, peores para él que la traición, al punto que evitará matar a Quereas a pesar de tener en las manos la prueba de su deslealtad.

En definitiva una sociedad movida sólo por intereses económicos, la eterna dialéctica entre libertad y justicia.
Descrita por un autor comprometido con el mundo que vivía, de los intelectuales que hoy se echan en falta, lástima que muriera a los 46 años, cuando aún le quedaba mucho por decir, aunque lo que dijo ahí está, plenamente actual.

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