lunes, 11 de octubre de 2010

SEGUNDO CONCIERTO DE ABONO DE LA OFM



Rafael Ponce 20-09-2010

El segundo concierto de la temporada se baso al igual que el primero en la música rusa, comenzó con las ocho canciones populares rusas op. 58 de Anatole Liadov (1855-1914).
Dicen algunos críticos que el carácter de un pueblo se muestra más marcadamente en su música folclórica que en cualquier otra cosa, pues digamos que en Europa la música rusa es la que está más claramente influenciada por la música folclórica nacional, la gran riqueza de costumbres unido a su gran extensión de sus tierras dan como resultado una variada y rica música. Liadov fue un gran maestro de la miniatura, apenas escribió obras de gran formato, discípulo de Korsakov, del que dijo Musorgsky “es un nuevo, inequívoco y original joven talento ruso”, influenciado por “el grupo de los cincos” (Balákirev, Cui, Músorgski, Rimski-Kórsakov y Borodín), que tenía el objetivo de producir un tipo de música específica de Rusia, en lugar de uno que imitara el estilo en que se basó la música europea y del que Liadov fue fiel continuador.
Canto religioso, Villancico Kolyada, Canción dolorosa, Bailé con el mosquito, Leyendas de las aves, Canción de cuna, Danza de la rueda o circular y Canción de la danza de la aldea son los títulos que conforman las ocho canciones, con una duración de unos quince minutos, sonó exquisitamente la orquesta, cuidando la originalidad y el refinamiento que tiene la obra, interpretada por la OFM con muchísima destreza, dirigida magistralmente por Edmon Colomer, recibió para mi gusto unos tímidos aplausos, quizás como suele pasar la gente al principio está fría.
La segunda obra fue el concierto para violín y orquesta en re mayor, op.35 de Tchaikovsky (1840-1893).
Etiquetado quizás erróneamente como partícipe de las ideas sinfonistas occidentales por el diletante grupo de los Cincos que abanderaban la causa nacionalista, Korsakov llegó a decir que su música era de un gusto abominable, en cambio Tchaikovsky que asistió al ensayo general del estreno del Capricho español de Korzakov, le entusiasmó tanto la música que al día siguiente le regaló a Rimsky una gran corona de plata que este mostraba orgullosamente en su despacho.
Lo cierto y verdad es que fuera de Rusia era considerado como el compositor ruso por excelencia, el de más prestigio y por supuesto el más programado, hechos que aun siguen vigentes.
Gran admirador de Mozart, amante de la naturaleza y de su Rusia natal, de una sensibilidad grandísima y muy inestable emocionalmente, nos ha legado una obra bellísima de la que forma parte destacada este concierto para violín, compuesto en un tiempo record cinco días, el primer movimiento, uno en el segundo y tres en el tercero. Estrenada en Viena en 1881, sufrió el desprecio inicial de críticos y del afamado violinista Leopold Auer que la calificaron de inejecutable, de unos treinta y siete minutos de duración, en la actualidad es una pieza de obligada interpretación de cualquier solista de violín que se precie, para mí junto al de Beethoven, y al de Mendelssohn los mejores en su género sin duda alguna.
Lo interpretó esta noche la joven norteamericana de origen coreana Catherine Cho con gran virtuosismo, derrochando aplomo, confianza y un saber estar en el escenario que me dejó impactado, sobre todo por ser una persona tan joven, creo que es el tercer o cuarto que escucho en directo y nunca me han llegado de esta manera, ayudó mucho la orquesta que conducida por Colomer sonó equilibrada, sin tapar en ningún momento a la solista, al final del primer movimiento el publico indebidamente se arrancó en aplausos llevados por la emoción y no por la ignorancia ya que los abonados del viernes me consta son gente entendida, en fin para mi gusto redondo, lo mejor de la noche.
La segunda parte del programa era la obra Petruchka de Igor Stravinsky (1882-1971), música de unos treinta y dos minutos de duración, escrita para el ballet del mismo nombre, uno de los tres ballets rusos de la juventud de Stravinsky, claramente influenciado por la tradición rusa, que conoció y de la que tiró gracias a su maestro Rimsky Korsakov, pero imprimiéndole su lenguaje personal inconfundible. Esta burlesca en cuatro escenas fue compuesta en Lausanne, Clarens, Beaulieu y Roma entre Agosto de 1910 y Mayo de 1911 y fue estrenada en Paris el 13 de Junio de 1911 por el Ballet Ruso, comentó Stravinsky que tras El Pájaro de Fuego, quiso cambiar y realizar una pieza en la que el piano actuara gran parte de la obra, según sus explicaciones de cómo le vienen las ideas:” En la composición de la música tenía en mente un distintivo cuadro de una marioneta, de repente dotada de vida, exasperando la paciencia de la orquesta con cascadas diabólicas de arpeggi. La orquesta por su parte responde con ráfagas de trompetas amenazantes. El resultado es un terrorífico ruido el cual alcanza su punto culminante y termina en el colapso doloroso y quejumbroso de la pobre marioneta” también comenta en sus crónica que un buen día saltó de alegría por haber encontrado el título Petruchka, el héroe inmortal e infeliz de cada feria en todos los países
Soberbia la orquesta, la música de ballet pierde cuando es interpretada en conciertos, no fue este el caso de la interpretación de esta noche, la dirección de Edmon Colomer extraordinaria, en resumen un concierto inolvidable de los que hacen afición.

A.Suwanai plays Tchaikovsky Violin Concerto (1st Mov 2of2)