miércoles, 29 de enero de 2014

CLAUDIO ABBADO


    Rafa Ponce 29/01/2014
   El 20 de Enero del presente año murió Claudio Abbado, una leyenda de la dirección orquestal. Si a alguien le debo mi afición a la música clásica, sin duda en gran medida es a él. 
    La nula educación musical que en este país recibimos, hace imposible llegar a la misma de jóvenes, solo tu evolución personal te hace arribar a ella y en mi caso la responsable principal fue la música rock, que me fue llevando sin darme cuenta a buscar formas más complejas y perfeccionista que solo encontré en la clásica.
    Aquellos años sesentas de Beatles, Rolling, Procol Harum, Mamas & The Papas, The Who, etc. nos aficionaron a la música y para mi todo culminó con la aparición del rock sinfónico que ya los Beatles nos anticiparon en temas como Yesterday o Eleanor Rigby, pero que en los setentas con Pink Floyd, Mike Oldfield, Emerson, Lake and Palmer, Camel o Yes, entre otros, consiguió su mayor exponente. Aquí me quedé yo, ya nada de lo que llegaba para mi gusto superaba aquello, y fue esa búsqueda de algo nuevo y por supuesto que superara a lo anterior, la que me hace empezar tímidamente a escuchar música clásica.
   Sello como Deutsche Grammophon, orquestas como Filarmónica de Berlín o directores como Herbert von Karajan empiezan a interesarme. En un principio me pareció un mundo elitista y como tal, distante de gente como yo, pero a pesar de todo me interesaba el tema y compraba todo lo que referente a música de este tipo caía en mis manos, y fue en el libro “Los grandes directores de orquesta” de Hans-Klaus Jungheinrich, donde de verdad conozco el talante de la gran persona que ha sido Claudio Abbado . 
    Este milanés andaba ya a finales de los sesentas y la década de los setentas en la Orquesta de la Scala de Milán, primero como director permanente, después como director musical y ya en 1977 como director artístico, todo esto a pesar de sus reiteradas críticas desde dentro a la escueta dotación financiera que recibía una entidad de la historia y prestigio como es la Scala. Salvando como puede estos imponderables, aguanta hasta que en 1979 abandona la dirección artística y en el 80 dimite como director permanente. En 1986 comienza a trabajar con la Ópera de Viena como director musical y a partir de entonces ya su agenda está repleta de colaboraciones con las mejores orquestas de todo el planeta. En 1989 sucedió a Herbert Von Karajan como director principal de la Orquesta Filarmónica de Berlín. Un cáncer de estómago se cruzó en su vida y hace que en 1998 anunciara su intención de dejar la orquesta en 2002. Cuentan las crónicas la estremecedora interpretación que hizo en 2001, con visible dificultad física, del Réquiem de Verdi, en la Filarmonía de Berlín, aquello pareció a todos una despedida. Después de recuperarse afortunadamente de la enfermedad, creó la Orquesta del Festival de Lucerna en 2003. Curiosamente en su regreso, sonó la Segunda de Mahler: La Resurrección. 
    Como comenté antes, estuvo siempre disconforme con la política cultural italiana, su seriedad de artista incorruptible, le llevó a simpatizar con el partido comunista italiano y a pertenecer al grupo de músicos notables (que formaron entre otros Luigi Nono y Maurizio Pollini) que colaborarían con la iniciativa cultural comunista de la región industrial de Reggio nell’Emilia “Música/Realtá”, consistía en llevar la música a los lugares de trabajo, como un catalizador del avance social y del progreso bien entendido, la música debía dejar de ser una cultura burguesa. Este punto me llegó hondamente ¡porque la música clásica tenía que ser para la burguesía!, si en cambio los artistas mayoritariamente proceden de sectores modestos. Me sentía profundamente de acuerdo con Abbado y la admiración que sentía sobre él como músico, pasó a ser también como persona. 
    La cercanía a la juventud, fue otra de las facetas de él que me apasionaban. Decía que todo estaba en la educación ¡qué gran verdad!, llegó últimamente a considerar criminales a los que aplicaban recortes sobre la educación y la cultura. Le entusiasmaba el sistema de orquestas venezolano, fundado por José Antonio Abreu, con el que colaboró activamente, además tuteló a su máximo exponente, el grandísimo director de orquesta también venezolano Gustavo Dudamel. Creó orquestas juveniles como la magnífica orquesta Gustav Mahler. 
    Leo en el País declaraciones de Teresa Berganza, con la que hizo casi todo Rossini, que lo definen a la perfección “Cantar con él era muy fácil. No hacía falta mirarle las manos, con los ojos ya sabía lo que quería. Mi primera Carmen fue con él. Han sido muchos años de hacer buena música juntos. Perdemos para mí el más grande. No es solo él, es una época la que se va”. Siguiendo lo publicado en este periódico, Dudamel llora su pérdida. “Para mí será siempre parte de ese excelso grupo de genios en la historia del Arte. Su infinita generosidad y amor serán siempre unos de los más valiosos tesoros que guardaré en esta vida”
    En 2010 recibió la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes, las primeras palabras al recibirla fueron «es un gran honor y un placer, porque estoy muy ligado a España, como muchos saben, mi apellido viene de Abad, y por eso suelo decir que mis orígenes están ligados al sur de España. Los Abad participaron en la construcción de los jardines del Alcázar de Sevilla y posteriormente se trasladaron a Italia, donde levantaron un castillo. Vengo siempre con mucho placer a España, y es también un placer estar aquí con tan buenos amigos. Agradezco mucho las amables palabras de presentación con las que me han obsequiado. Les pido solamente, por favor, que no me llamen maestro. Para todos soy siempre Claudio». Cuando llegó a la Filarmónica de Berlín fue una de las cosas que pidió a sus músicos, que no le llamaran maestro, simplemente Claudio. Yo desde mi admiración al “Maestro Claudio” recuerdo el final tan espectacular de la 2ª Sinfonía de Mahler que él tanto interpretó, donde coro y cantantes, interpretan versos del poema “Resurrección” de Klopstock que dicen: 
     Con las alas que me he conquistado… / Me elevaré. / Moriré ¡para vivir después! ¡Resucitarás, si, resucitarás en un instante! / ¡Lo que has penado te conducirá hacia Dios!


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